Vino de ayer: ¿me lo tomo o al fregadero?

Ay, cuánto hemos discutido sobre esto, ¿verdad? Un purista te dirá que beber un vino que no está recién descorchado -y convenientemente aireado en algunos casos- es una ofensa en toda regla, eso seguro.

Razón no les falta ya que, al sacar el corcho, el oxígeno entra en contacto con el vino y este comienza una rápida oxidación. ¡Así es la química! Esta reacción hace que el vino vaya perdiendo su aroma y sabor de forma de forma casi irremediable.

Entonces ¿qué ocurre cuando nos ha sobrado vino? ¿Es que no hay esperanza para los que viven solos – o beben solos- y les gusta cenar su copita de vino sin tener la obligación de acabarse botella?

Para estos últimos creemos que sí hay solución, aparte del Coravín que, por un tema de precio, no todos pueden permitirse. Aquí tenéis algunas maneras de guardar el vino de un día para otro y que no sepa a rayos:

Tapón hermético y a la nevera

Es muy importante que sea hermético para que no entren olores indeseables. Los frigoríficos suelen despedir no precisamente aromas que pueden estropear un vino en una noche. Ojo, este truquillo vale para dos o tres días; si dejáis el vino con su taponcito hermético tres meses, ya os decimos que cuando os decidáis a beberlo ya no será vino… ¿Que no tienes tapón hermético? En ese caso, lo mejor es que pases el vino a una botella que sí que cuente con este sistema, como las de agua viejunas de cristal que aún se venden en los bazares y en Ikea 🙂

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Bombas de vacío para todos los bolsillos

Una maravilla de utensilio para que el vino dure abierto mucho más tiempo. Los hay muy sencillos, todo en una pieza, desde 2 euros y otro más caros, de 12 a 40 euros que incorporan de uno a cuatro tapones de goma o silicona. Usarlos no tiene misterio alguno: introducimos en la botella uno de estos tapones y después ponemos sobre él la bomba de vacío. Seguidamente, bombeamos hasta escuchar un clic (esta es la versión más pro) o hasta que notemos qua ya no se puede extraer más aire de la botella, lo que significará que hemos terminado.  Lo dicho, los hay de todos los precios y colores.

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Papel de aluminio (no tenemos pruebas científicas pero funciona)

No sabemos muy por qué, pero con el papel de aluminio (y nevera) hemos comprobado que el vino dura mucho más y, aunque quizá el aroma no sea tan intenso como el día que se abrió la botella, da bastante el pego. Eso sí, muy bien apretadito para que no salga ni entre aire y sin que el vino toque nunca el metal, por lo tanto siempre en vertical. Dos o tres días, no más.

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En un próximo post desmontaremos el mito de que con una cucharilla de plata conseguimos que no se escapen las burbujas de los vinos espumosos ya abiertos, por eso este truquillo no está incluido en esta entrada. ¿Hemos pasado alguno por alto?

Un comentario en “Vino de ayer: ¿me lo tomo o al fregadero?

  1. Pingback: El mito de la cucharilla de plata | Maldita Filoxera

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